21 mayo 2018

El mundo del espejo

El mundo del espejo es un mundo extraño.

En él nos vemos a nosotros; vemos como se nos presenta una imagen, espejada, de la realidad. Vemos a través de su marco aquella realidad que deseamos escudriñar.

Es como algo mágico; miras en una dirección y allí está el mundo que esperas ver, invertido, como si los cepillos de dientes se apresuraran a actuar ante nuestra mirada, como si estuviesen allí sólo para nosotros, esperando satisfacernos. Pero, ¿somos nosotros la imagen reflejada, o somos sólo el reflejo que no quiere despertar?

Un saludo,
Morpheus

13 mayo 2018

Diagonal

Llegaba tarde; se había dormido, como otras tantas veces. Redujo la velocidad a medida que se acercaba a aquellas escaleras. Otro día más descendiendo a los infiernos. Al menos aquél calor tan asfixiante le despertó.

Pasaron cinco minutos y el tren se detuvo en el andén. Automáticamente pulsó el botón que abría la puerta y se introdujo en aquél vagón. Tuvo suerte; había un asiento libre. Se sentó y se dejó llevar por el traqueteo y el ruido, a veces ensordecedor, del metro en movimiento.

Estaba cansado; a penas podía articular un pensamiento, por lo que simplemente se dedicó a observar a los pasajeros que subían... y bajaban... subían... y bajaban... La insustancialidad de aquél baile urbano le hizo esbozar una sonrisa. Estaban todos locos, pensó, al acordarse de aquella película: "Tenemos trabajos que detestamos para pagar aquello que no necesitamos". ¡Cuánta razón!

Inmerso en sus pensamientos, pronto se dio cuenta de que estaba perdiendo la noción del tiempo. ¿Cuánto llevaba allí? Estaba tan cansado que hubiese dicho que era una eternidad.

El metro volvió a detenerse. Diagonal. Gente subiendo, gente bajando. Volvió a ponerse en marcha. Las ruedas del tren rozando con las vías. Otra vez ruido ensordecer. El metro subía ligeramente y volvía a bajar. Continuaba su camino. Volvió a detenerse. Gente subiendo, gente bajando. Volvía a ponerse en marcha.

Dilatación temporal, pensó. Cuando más aburrido, más denso es el tiempo; cuando más divertido, se escapa. Todo es relativo, excepto la velocidad de la luz. ¡Maldito Einstein! ¡Llego tarde!

El metro se detuvo. Diagonal. Gente subiendo, gente bajando. Volvía a ponerse en marcha. La misma gente anónima, distinta gente anónima. Tantísima gente y sin aire acondicionado; se asfixiaba.

Volvió a fijarse en la gente. Nadie hablaba. Todo el mundo tenía puesta la vista en las pantallas de su móvil. Se rió. Marx hablaba de la alienación del trabajo; se revolvería en su tumba si conociese la alienación provocada por el instrumento popularizado por el mago del capital, el señor Jobs, el de la manzana que curaba el cáncer.

El metro se detuvo otra vez. Diagonal. Gente bajando, gente subiendo. Dilatación temporal. El tren se ponía de nuevo en marcha. Ruido ensordecedor. Subía primero, bajaba después.

El trayecto se le estaba haciendo eterno. Llegaría empapado en sudor al trabajo.

El metro se detuvo. Diagonal. Gente bajando. Nadie subía. El tren se ponía de nuevo en marcha, esta vez más ligero. Sintió que podía respirar mejor.

Miró el reloj. Solo había pasado un minuto. Dilatación temporal. Todo es relativo. Llegaría a tiempo al trabajo. Habían avanzado varias paradas en menos de un minuto. Justificaba de sobras los vaivenes y el ruido ensordecedor.

Frenaban. Llegaba a Diagonal; le quedaba sólo una parada. Al fin podría salir de los fosos de la urbe. Se pusieron en marcha otra vez. Nadie había bajado, subió mucha gente. Subieron y bajaron. Se asfixiaba otra vez.

Finalmente el metro se detuvo. De manera casi instintiva se levantó y se dirigió a la puerta. Pulsó el botón y salió. Diagonal. Se dirigió hacia la salida y...

¡Un momento! Estaba en Diagonal. No era posible. Se debía haber confundido.

Cuando se giró para volver a introducirse en el vagón, este ya había cerrado sus puertas. El metro ya iniciaba la marcha.

Esperó dos minutos. Llegaba tarde. Estaba en Diagonal; quedaba una parada.

El siguiente metro se detuvo. Se subió a él. Nadie bajaba. Sentía una sensación de opresión. Las puertas se cerraron; se pusieron en marcha. El calor le aplastaba; no podía respirar. Sólo quedaba una parada. Subieron y bajaron. Ruido ensordecedor.

El vagón se detuvo. Diagonal, leyó. No podía ser. Salió corriendo del vagón. No podía ser. Dilatación temporal. Curvatura del tejido espacio-tiempo. Confusión; miedo. Había pasado un minuto.

Subió las escaleras tan rápido como pudo. El calor le aplastaba. Necesitaba respirar. Se sentó.

El vagón se detuvo. Diagonal. Gente bajando, gente subiendo. Le miraban. "Únete a nosotros", decían. Pánico. No podía ser real. Disociación.

Todos se acercaban hacia él. Lo sujetaron. Gritaba con todas sus fuerzas. "Únete a nosotros", decían. Él mordía, pataleaba y escupía. Le agarraron del pelo. Vio una aguja. Lloraba y pataleaba. Perdía mechones de pelo por tratar de escapar. Oscuridad.

Llegaba tarde, como otras tantas veces...

Sujeto: 234.
Resultados tras la inoculación: Inconcluyentes.
Efectos en el sujeto: Agresividad, rabia, instintos asesinos, delirios, disociación, paranoia.
Próximo destino del sujeto: Baja forzosa; desconexión del sistema.
Indicaciones sobre el estudio: Continuar con el desarrollo de las pruebas del virus ApatíaC2V33.
Motivo del cierre del expediente del sujeto: Cese provocado de la actividad biológica por desconexión del sistema.
Reality Inc.

Un saludo,
Morpheus

07 mayo 2018

Multiverso

Esto da un poco de vergüencita, pero os daré un poco de contexto.

Hace ya tiempo, un día, al volver a casa tarde entre semana, cogí uno de los últimos ferrocarriles que me llevaban a casa, de la línea S8, que acaba en Martorell. Estaba sentado y, como podréis leer a continuación, entró una chica en el vagón que me llamó la atención y se sentó enfrente de mi. La verdad es que no pude parar de mirarla discretamente durante todo el viaje, pero aún así fui incapaz de decirle nada; era tarde y no quería asustarla, me dije como excusa.

Por aquella época yo me entretenía a menudo viendo charlas del TED y estaba acudiendo a unos coloquios de filosofía, por lo que la temática relativística y sobre la realidad la tenía algo fresca. De esta forma, al llegar a casa, y maldiciendo mi timidez, no pude evitar ponerme a escribir, y salió el texto que veis aquí abajo.

Si alguien la conoce, decidle que hace tiempo un tío tímido le escribió una poesía.

Curiosa la física cuántica...

Entras en el vagón y te sientas delante de mí. Te observo, modificando tu estado.

Llevas un jersey oscuro, bufanda granate, diadema blanca, tejanos azules y botas de montaña, a juego con tu mochila.

Me proporcionas datos.

Hago hipótesis sobre ti.

Tu pelo, moreno y alborotado, me indican que estás más pendiente de tu vida que de tu aspecto, y que la vives intensamente.

Sacas un libro y te pones a leer.

Tus botas y tu mochila me cuentan que te gusta la montaña; tus manos, delicadas, que pese a ello, pasas más tiempo lejos de ella de lo que te gustaría, pero te proporciona el placer de acariciar las letras de un libro, como haces ahora.

Tu jersey de lana, como tu bufanda, me cuentan que vienes de un lugar frío, quizás de algún hogar que se esfuerza en alcanzar la cima de alguna colina, pero tú no la temes; vas preparada.

Tus colgantes y tu casi oculta pulsera me hablan de tu espíritu aventurero y de lo que te apasiona.

Uno de tus colgantes, que parece la punta de una flecha de piedra, me habla de tu interés por las ferias medievales. Otro, parecido a un símbolo celta, me habla de tu atracción por la iconografía, la simbología y mitología de tiempos pretéritos.

Finalmente, la moneda agujereada que llevas colgada me habla del interés que sientes por la cultura y la filosofía oriental, como esa moneda, de origen chino.

En un alarde de coraje, me levanto y me pongo a hablar contigo de mis hipótesis sobre ti y cuánto voy errado; sobre tus intereses y los míos durante lo que queda de trayecto.

Seguimos en contacto y nos convertimos en los mejores amigos, o quizás amantes; nos dejamos de soportar o no indeterminísticamente.

Que curiosa la física cuántica...

Eso ha pasado y pasará, pero tampoco lo hará. No en este universo. Porque en este, he sido incapaz de levantarme a hablarte. He cogido mis cosas y he salido del tren que te llevaba a casa, al universo donde nos conocíamos.

Sin embargo, no pasa nada, porque a través de las trazas del multiverso, de las partículas subatómicas que al otro lado se agitan como en este, puedo sentir el amor cuántico que lo atraviesa.

Un saludo,
Morpheus

01 mayo 2018

Fuegos fatuos

Tal y como comenté en la anterior entrada, sigo compartiendo algunas de las cosas que escribí hace algún tiempo. Aquí tenéis el siguiente texto:

Grito. Grito hasta desgarrarme el pecho. Pero mi grito es mudo y nadie lo oye.

Atravieso el bosque salvaje, indómito, y las zarzas me desgarran la piel mientras trato de seguir el único camino posible: adelante.

Llego a un pantano desolado, donde sólo quedan árboles marchitos, recuerdos lúgubres de una vida que ya no existe.

De pronto, algo brilla a lo lejos. Un fuego que parece iluminar un camino, pero rápidamente aparecen más. Son sólo ilusiones; fuegos fatuos que conducen a una, quizás dulce, muerte.

No hay atajos ni señales del camino. He perdido la senda, y no sé cómo seguir.

Estoy perdido.

Un saludo,
Morpheus

23 abril 2018

Desahuciado

Muy buenas noches.

Seguro, si alguien queda que aún me siga, os estaréis preguntando qué hago aquí, o por qué he tardado tanto en volver. Lo resumiré en que ha sido un largo camino transitando por la vida, pensando que en algún momento sacaría tiempo o ganas para compartir aquello que creía que podía compartir; sin embargo, las circunstancias no son las adecuadas para compartir ciertas cosas, sobre todo cuando afectan a alguien cercano a ti. Por suerte, las circunstancias hace tiempo que cambiaron, pero aún quedaba algo pendiente: el miedo a sentirse vulnerable.

¿Vulnerable? ¿Por qué?

Como podréis apreciar en las últimas entradas antes que esta, el blog estaba tomando un carácter más personal y había decidido continuar por este camino; porque es mi blog, y me lo follo cuando quiero. :P

Lo que me ha hecho cambiar de opinión ha sido mi alta actividad cultural estos días para Sant Jordi, acudiendo al Poetry Slam de BCN y a un recital poético LGTBI ayer. En ellos pude apreciar cómo se exponían los participantes, y ver lo mucho que disfruté de sus intervenciones; por ello, he decidido hacer mi aportación. Al final, me puede más la necesidad de compartir que el sentimiento de vulnerabilidad.

Así, iré publicando poco a poco algunas de las cosas que he ido escribiendo en estos últimos tiempos. Espero que os gusten.

Y quiero desahuciar esta tristeza, como desahuciado está mi amor.

Y perder tu recuerdo en las profundidades de mi mente, como se pierden los primeros años de vida: aprendiendo sin recordar.

Y encontrarme en los confines de mi infierno para amar aquello que sólo yo puedo amar como se merece: a mí mismo.

No quiero más noches en vela, ni más ojos hinchados ni papeleras llenas de pañuelos regados por mi pena.

27/12/2015

Un saludo,
Morpheus

26 junio 2014

Sobre la fortaleza

Sigo con mi racha de posts profundos. Espero no aburriros. :P

A veces pienso que muchas personas tratan de aparentar que están bien, o que no son capaces, o no quieren, afrontar sus demonios; o no los muestran, por temor a ser rechazados. Durante mucho tiempo creo que he sido así.

Sin embargo, encuentro tremendamente interesante a aquellas personas que, con una sonrisa en la cara, te cuentan el infierno que han vivido, cuáles son sus temores; se muestran vulnerables, auténticos. Para mí, eso es tener coraje, auténtica entrega.

Son esa clase de personas que saben lo que es el sufrimiento, lo que es estar enfangado hasta las rodillas en el lodazal de tu propia mente. Por ello, esta clase de personas son aquellas que no te juzgan, que te escuchan, que te miran a los ojos y te dicen Te entiendo.

Lo bonito de estas personas es que, pese a estar luchando contra sus demonios, pese a estar cubiertos de cicatrices, están luchando, con fuerza. Eso, para mí, es muy admirable.

Por ello, si ves a alguien en esta situación, no dudes en reconocerla y en echarle una mano. No por compasión, sino porque delante tienes a una persona en crecimiento, admirable y bella; una persona que no querrás que marche de tu vida.

Al fin y al cabo, todos tenemos demonios y estamos juntos en esta lucha. Y si no es tu caso, que persona más aburrida, ¿no?

Un saludo,
Morpheus

23 junio 2014

Sentirse vivo

Hoy me voy a poner profundo, así que agarraos los machos. :P

Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo. (Oscar Wilde)

Como veis, plantearse el sentido de la vida (que todos sabemos que es 42) o la vida misma, es algo que ya hace mucho tiempo que el ser humano viene haciendo.

Sin embargo, a veces pasan los días; y con los días, semanas; y con la semanas, meses, sin que vivamos auténticamente nuestra vida. Muchas veces, postergamos lo que nos hace sentir bien, lo que nos hace sentir vivos, porque no tenemos tiempo para ello y hay cosas más importantes. Esto pasa de manera tan recurrente que a veces llega el momento en que te das cuenta de que llevas tiempo sin vivir la vida (aún con sus sinsabores).

A mí esto me ha pasado. Durante muchos años. Me he hartado de ello.

Por ese motivo, he decidido hacer una lista de esas cosas que me hacen sentir vivo para que, cuando se me olvide lo que es vivir, tenerla a mano, para saber qué hacer.

Ahí tenéis mi lista:

  • Bailar
  • Cantar
  • Comer chocolate :P
  • Contemplar un bello paisaje
  • El olor a tierra mojada
  • El olor a tormenta
  • El olor del bosque
  • Escribir
  • Hacer el amor (nótese la diferencia con tener un orgasmo)
  • Hacer introspectiva (como ahora mismo)
  • Leer un buen libro
  • Nadar
  • Notar las gotas de lluvia en mi cara
  • Recibir algún comentario sobre algo que he escrito :P
  • Sentir la brisa marina acariciándome y el olor a salitre
  • Superar pequeños retos
  • Tocar la ocarina, y ver que voy mejorando
  • Un beso
  • Un buen abrazo
  • Una buena canción
  • Una buena conversación
  • Una caricia
  • Ver el amanecer
  • Ver las hojas cayendo en otoño, y oír como crujen bajo mis pies
  • Ver o asistir a una charla/conferencia que me emocione de algún modo (habitualmente, las de TED lo hacen)
  • Ver un cielo cuajado de estrellas

Como podéis apreciar, hay algunos elementos de la lista resaltados. Se tratan de cosas que sólo se pueden hacer en compañía de otra persona. Todas ellas son muy interesantes (sobre todo la de hacer el amor :P), sin embargo, no siempre podemos contar con la compañía de alguien. Por ello, hay que centrarse en aquellas en las que no la requerimos, pues siempre (o casi siempre, dependiendo de las condiciones climatológicas) las podremos hacer por nosotros mismos.

Creo que también sería bueno señalar que muchas de estas cosas son muy baratas. Lo cual nos debe hacer reflexionar porqué no las hacemos más.

Hay que hacer notar que esta lista no tiene porqué ser inmutable, ni estática; puede ir cambiando a lo largo del tiempo, por lo que seria bueno, de vez en cuando, ir actualizándola.

Ahora os toca a vosotros. ¿Qué os hace sentir vivos? Quizás podáis inspiraros en el capítulo Què és el que més valores al final del dia? de la ya extinta sección Grans Preguntes del programa La Tribu de Catalunya Ràdio.

Un saludo,
Morpheus

08 junio 2014

Un vídeo que te relajará

Llego a través de la página de Facebook de ASTER (la agrupación astronómica de Barcelona) a un impresionante vídeo con una música preciosa. Os dejo con él:

Al ver dicho vídeo y escuchar esta canción, sólo puedo pensar en la palabra serenidad. La combinación de las imágenes con la música me parece exquisita (¿he dicho ya que el piano es uno de mis instrumentos favoritos?). Por ello he querido compartirlo con vosotros.

Si alguien le interesa saberlo, la canción se llama Nuvole Bianche de Ludovico Einaudi.

Un saludo,
Morpheus

24 marzo 2014

Todo está conectado

He llegado, a través de Maravillawesome, a esta magnífica charla de Sarah Kay, una narradora de poemas (spoken word poem), que nos explica su experiencia ejercitando su pasión y llevándosela a otros mediante el proyecto VOICE.

En un momento de la charla, en el minuto 14, Sarah enseña una página de un diario de cuando era una niña pequeña, explicando que su pasión por escribir poesía y entender el mundo como lo entiende, empezó mucho antes de la primera vez que hizo una actuación en público, cuando sólo tenía catorce años.

Esto me ha hecho reflexionar sobre una de mis pequeñas pasiones, que es la escritura. Como ya sabéis, no empecé con un blog hasta los catorce años, y hasta los diecisiete no empecé a escribir en un diario. Entonces he pensado que era una lástima, pues una vez más, yo no era alguien que hubiese empezado con su pasión de jovencito.

Sin embargo, con un poco más de atención, me he dado cuenta que la escritura, aunque mágica, tan sólo es un medio para mi verdadera pasión, que es imaginar y contar historias.

Entonces me he dado cuenta de que, con tan sólo siete años, ya soñaba despierto en clase, montando en corceles de guerra y matando dragones a cascoporro, o montando artefactos ingeniosos para poder ir a la luna, o vete a saber. Sí, muy friki todo, lo sé. Años más tarde, en el Super 3 empezaron a emitir una serie con la que me sentí muy identificado a raíz de esto, y que por ello me encantaba: Ángela Anaconda.

Más tarde, con nueve años, ya jugué a mi primera partida de rol (a Aquelarre, como debe ser); a los once ya les contaba a mis amigos sobre como nos imaginaba como super héroes, destruyendo el colegio y acabando con capullos varios; y a los 13 ya estaba dirigiendo mis primeras partidas de rol.

Con todo esto, quiero mostrar que, aunque no lo parezca, en el fondo, todo está conectado. Que, aunque no lo queramos, ya hay algo que nos define, de alguna forma, y que su eco se oye a través de los años, como las ondas que se generan al tirar una piedra al centro de un lago.

Finalmente, para ponerle la guinda al pastel, he recordado cuál fue el primer libro completo que me leí, cuando tenía seis años: Luisón, de Alfredo Gómez Cerdá. Esta es su sinopsis:

Luisón admira a todos sus amigos, sin embargo piensa que él no despierta ninguna admiración. No le vale la ropa que llevan ellos y, además, no puede trepar por la cuerda de nudos en el gimnasio. Pero a la hora del recreo todos le rodean y esperan embelesados que les cuente una de esas historias fantásticas que se inventa.

A vosotros os parecerá coña, pero a mí me resulta increíble. Es volver al origen.

Un saludo,
Morpheus

18 marzo 2014

La Maldición de Elonus (VIII)

Aquí tenéis el último capítulo de este relato. Espero que lo hayáis disfrutado.

En él he depositado una parte de mi corazoncito, lo cual se ha traducido en muchas metáforas y algunos símbolos. Espero ver cuales son vuestras ideas en los comentarios. :P

Sin más dilación os dejo con el desenlace de La Maldición de Elonus.


Grunh luchó valerosamente y venció al dragón sólo para darse cuenta de que a quien había dado muerte era a su abuelo. Tras ello, salió fuera del castillo, me dijo que me marchara y volvió a su interior para dar sepultura a su abuelo en una gran sala, con mucho otros héroes del pasado.

Vi como Grunh se acercó a un libro, escribió su nombre y puso fin a su vida conocida, sacrificando su alma, su cordura, su humanidad, para convertirse en un dragón, cada vez menos racional, cada vez más cruel, cada vez más vengativo.

Una llamarada cubrió las imágenes y, al disiparse, vi como, siglos atrás, unas asustada gentes de Elonus decidieron realizar un pacto con los dioses. Lo hicieron para proteger sus casa, sus hijos, su modo de vida y evitar así ser castigados.

Otra llamarada surgió en el reflejo y, entonces, me vi a mí, marchándome de allí. Vi lo que le ocurriría a Elonus si me marchaba; vi como sería reducida a cenizas. Entonces me volvía a ver a mí, escribiendo mi nombre bajo el de Grunh, convirtiéndome en un dragón y perdiendo mi humanidad día tras día.

Tras una última llamarada, la superficie del espejo pareció derretirse, dejando un umbral tras el cual se encontraba un atril con el libro que sellaba el pacto con los dioses.

Me volví hacia el cuerpo inerte de Grunh y lo abracé otra vez. Ahora sabía por todo el sufrimiento que había pasado. Entonces, la ira creció en mí.

¿Por qué lo había hecho? Él se merecía mucho más. Era injusto que tuviese que pagar por unas gentes incapaces de afrontar su responsabilidad. Unas gentes que ni siquiera les importaba el sacrificio que tuvieron que hacer tantas buenas personas; personas que no habían sido reconocidas por ellos. ¡Habían cometido hasta la arrogancia de olvidarles!

"El mundo necesita héroes."

Cuando el recuerdo de las últimas palabras de Grunh resonaron en mi cabeza, fue como un mazazo.

Cubrí el cuerpo de Grunh con una manta, recogí su espada y me dirigí a la planta inferior. Allí encontré la estancia donde se encontraban los héroes del pasado.

Me dirigí al fondo de la estancia, donde quedaban los dos últimos sarcófagos vacíos. Por suerte, parecía que la maldición estaba a punto de tocar a su fin.

Dejé a Grunh en uno de los sarcófagos, junto a su espada. Tenía una expresión serena, de paz.

- Descansa en paz - dije -. Has sido mi mentor, mi hermano mayor, mi padre. Nunca te olvidaré. Nos veremos pronto.

Con lágrimas en los ojos, cerré el sarcófago.

Salí de la cripta y me dirigí al salón principal. Allí me situé delante del libro, cogí la pluma que se encontraba al pie de este y aguardé unos instantes.

"Nadie más puede hacerlo. Si no hago esto, Elonus y sus gentes serán masacrados. Soy un héroe."

Escribí mi nombre bajo el de Grunh. Al acabar, la tinta brilló con una luz cegadora durante unos instantes.

Me retiré unos pasos, los suficientes para quedar detrás del umbral formado por el espejo. Tras cruzarlo, la superficie de este volvió a recomponerse y me vi reflejado en él; fue la última vez. Unos segundos más tarde empezó la transformación.

Sentí como todo mi cuerpo ardía. Un dolor punzante apareció en mi espalda; pocos segundos más tarde, me surgieron unas alas. Mi piel empezó a cuartearse. Mi cuerpo cada vez se hacía más grande. Mis manos y mis pies se convirtieron en garras. Todo me daba vueltas.

Cuando acabó, alcé la vista y vi un dragón en el espejo. Esta vez no era una ilusión; era yo. Lancé una llamarada contra el espejo, que se tornó del color de la obsidiana; no soportaba verme reflejado.

Esa es mi historia. Esa es la historia de la maldición de Elonus. Ahora soy un dragón, aquello que siempre deseé destruir. Mi alma se pudrirá, convirtiéndome en una bestia sin corazón, sacrificando mi ser para salvar Elonus.

No me importa.

EL MUNDO NECESITA HÉROES

FIN