24 marzo 2014

Todo está conectado

He llegado, a través de Maravillawesome, a esta magnífica charla de Sarah Kay, una narradora de poemas (spoken word poem), que nos explica su experiencia ejercitando su pasión y llevándosela a otros mediante el proyecto VOICE.

En un momento de la charla, en el minuto 14, Sarah enseña una página de un diario de cuando era una niña pequeña, explicando que su pasión por escribir poesía y entender el mundo como lo entiende, empezó mucho antes de la primera vez que hizo una actuación en público, cuando sólo tenía catorce años.

Esto me ha hecho reflexionar sobre una de mis pequeñas pasiones, que es la escritura. Como ya sabéis, no empecé con un blog hasta los catorce años, y hasta los diecisiete no empecé a escribir en un diario. Entonces he pensado que era una lástima, pues una vez más, yo no era alguien que hubiese empezado con su pasión de jovencito.

Sin embargo, con un poco más de atención, me he dado cuenta que la escritura, aunque mágica, tan sólo es un medio para mi verdadera pasión, que es imaginar y contar historias.

Entonces me he dado cuenta de que, con tan sólo siete años, ya soñaba despierto en clase, montando en corceles de guerra y matando dragones a cascoporro, o montando artefactos ingeniosos para poder ir a la luna, o vete a saber. Sí, muy friki todo, lo sé. Años más tarde, en el Super 3 empezaron a emitir una serie con la que me sentí muy identificado a raíz de esto, y que por ello me encantaba: Ángela Anaconda.

Más tarde, con nueve años, ya jugué a mi primera partida de rol (a Aquelarre, como debe ser); a los once ya les contaba a mis amigos sobre como nos imaginaba como super héroes, destruyendo el colegio y acabando con capullos varios; y a los 13 ya estaba dirigiendo mis primeras partidas de rol.

Con todo esto, quiero mostrar que, aunque no lo parezca, en el fondo, todo está conectado. Que, aunque no lo queramos, ya hay algo que nos define, de alguna forma, y que su eco se oye a través de los años, como las ondas que se generan al tirar una piedra al centro de un lago.

Finalmente, para ponerle la guinda al pastel, he recordado cuál fue el primer libro completo que me leí, cuando tenía seis años: Luisón, de Alfredo Gómez Cerdá. Esta es su sinopsis:

Luisón admira a todos sus amigos, sin embargo piensa que él no despierta ninguna admiración. No le vale la ropa que llevan ellos y, además, no puede trepar por la cuerda de nudos en el gimnasio. Pero a la hora del recreo todos le rodean y esperan embelesados que les cuente una de esas historias fantásticas que se inventa.

A vosotros os parecerá coña, pero a mí me resulta increíble. Es volver al origen.

Un saludo,
Morpheus

18 marzo 2014

La Maldición de Elonus (VIII)

Aquí tenéis el último capítulo de este relato. Espero que lo hayáis disfrutado.

En él he depositado una parte de mi corazoncito, lo cual se ha traducido en muchas metáforas y algunos símbolos. Espero ver cuales son vuestras ideas en los comentarios. :P

Sin más dilación os dejo con el desenlace de La Maldición de Elonus.


Grunh luchó valerosamente y venció al dragón sólo para darse cuenta de que a quien había dado muerte era a su abuelo. Tras ello, salió fuera del castillo, me dijo que me marchara y volvió a su interior para dar sepultura a su abuelo en una gran sala, con mucho otros héroes del pasado.

Vi como Grunh se acercó a un libro, escribió su nombre y puso fin a su vida conocida, sacrificando su alma, su cordura, su humanidad, para convertirse en un dragón, cada vez menos racional, cada vez más cruel, cada vez más vengativo.

Una llamarada cubrió las imágenes y, al disiparse, vi como, siglos atrás, unas asustada gentes de Elonus decidieron realizar un pacto con los dioses. Lo hicieron para proteger sus casa, sus hijos, su modo de vida y evitar así ser castigados.

Otra llamarada surgió en el reflejo y, entonces, me vi a mí, marchándome de allí. Vi lo que le ocurriría a Elonus si me marchaba; vi como sería reducida a cenizas. Entonces me volvía a ver a mí, escribiendo mi nombre bajo el de Grunh, convirtiéndome en un dragón y perdiendo mi humanidad día tras día.

Tras una última llamarada, la superficie del espejo pareció derretirse, dejando un umbral tras el cual se encontraba un atril con el libro que sellaba el pacto con los dioses.

Me volví hacia el cuerpo inerte de Grunh y lo abracé otra vez. Ahora sabía por todo el sufrimiento que había pasado. Entonces, la ira creció en mí.

¿Por qué lo había hecho? Él se merecía mucho más. Era injusto que tuviese que pagar por unas gentes incapaces de afrontar su responsabilidad. Unas gentes que ni siquiera les importaba el sacrificio que tuvieron que hacer tantas buenas personas; personas que no habían sido reconocidas por ellos. ¡Habían cometido hasta la arrogancia de olvidarles!

"El mundo necesita héroes."

Cuando el recuerdo de las últimas palabras de Grunh resonaron en mi cabeza, fue como un mazazo.

Cubrí el cuerpo de Grunh con una manta, recogí su espada y me dirigí a la planta inferior. Allí encontré la estancia donde se encontraban los héroes del pasado.

Me dirigí al fondo de la estancia, donde quedaban los dos últimos sarcófagos vacíos. Por suerte, parecía que la maldición estaba a punto de tocar a su fin.

Dejé a Grunh en uno de los sarcófagos, junto a su espada. Tenía una expresión serena, de paz.

- Descansa en paz - dije -. Has sido mi mentor, mi hermano mayor, mi padre. Nunca te olvidaré. Nos veremos pronto.

Con lágrimas en los ojos, cerré el sarcófago.

Salí de la cripta y me dirigí al salón principal. Allí me situé delante del libro, cogí la pluma que se encontraba al pie de este y aguardé unos instantes.

"Nadie más puede hacerlo. Si no hago esto, Elonus y sus gentes serán masacrados. Soy un héroe."

Escribí mi nombre bajo el de Grunh. Al acabar, la tinta brilló con una luz cegadora durante unos instantes.

Me retiré unos pasos, los suficientes para quedar detrás del umbral formado por el espejo. Tras cruzarlo, la superficie de este volvió a recomponerse y me vi reflejado en él; fue la última vez. Unos segundos más tarde empezó la transformación.

Sentí como todo mi cuerpo ardía. Un dolor punzante apareció en mi espalda; pocos segundos más tarde, me surgieron unas alas. Mi piel empezó a cuartearse. Mi cuerpo cada vez se hacía más grande. Mis manos y mis pies se convirtieron en garras. Todo me daba vueltas.

Cuando acabó, alcé la vista y vi un dragón en el espejo. Esta vez no era una ilusión; era yo. Lancé una llamarada contra el espejo, que se tornó del color de la obsidiana; no soportaba verme reflejado.

Esa es mi historia. Esa es la historia de la maldición de Elonus. Ahora soy un dragón, aquello que siempre deseé destruir. Mi alma se pudrirá, convirtiéndome en una bestia sin corazón, sacrificando mi ser para salvar Elonus.

No me importa.

EL MUNDO NECESITA HÉROES

FIN

11 marzo 2014

La Maldición de Elonus (VII)

- ¡Grunh! - grité en cuanto vi su cuerpo, al tiempo que me acercaba a él.

Le cogí y lo recosté contra mi pecho. Alzó la vista para verme y, con dificultad, me dijo:

- No... deberías... haber... venido...

- Lo sé, pero no podía...

- El... el... espejo... - me interrumpió mientras señalaba a una parte de la estancia - Estoy... orgulloso de... de... ti. Lástima... lástima que... hayas venido... Eres un... héroe...

Y entonces, exhaló.

¿Por qué? ¿Qué había pasado?

Una miríada de preguntas se agolpaban en mi cabeza y no podía dar respuesta a ninguna de ellas.

Tras unos instantes de profunda tristeza, ira y pensamientos dubitativos, me fijé en el espejo que había mencionado Grunh.

Había pasado desapercibido, pues una gran capa de polvo cubría su superficie pulida. Tras limpiar un poco el espejo, un reflejo de luz sobre la superficie apareció, sin reflejar imagen alguna. Tras unos instantes, el color de la superficie empezó a aclararse.

Entonces apareció. Era la cabeza de un dragón, que, a través del reflejó, escupió una llamarada, dejando sólo una estela de llamas en él. Cuando se disiparon, pude ver lo que ocurrió aquí hacía casi veinticinco años.

09 marzo 2014

Sobre la creatividad

El otro día llegué a un interesante artículo sobre la creatividad en el Huffington Post, 18 cosas que las personas altamente creativas no hacen igual que el resto.

Si repasáis mi blog un poco, veréis que el tema de la creatividad ha sido algo recurrente en mí. En cualquier caso, no creo que me pueda considerar una persona altamente creativa, aunque sí trato de serlo. Quizás, por este motivo, haya encontrado algunas cosas que creo que me hacen referencia en ese artículo.

Así pues, os dejo con una serie de extractos del artículo, que yo he considerado más importantes:

No se trata de generalizar el estereotipo del "artista torturado", pero sí es verdad que los artistas suelen tener una personalidad compleja.
Es cierto que a la gente creativa le resulta difícil conocerse a sí misma, puesto que el yo creativo es más complejo que el yo no creativo, informa Scott Barry Kaufman, psicólogo de la Universidad de Nueva York que ha pasado varios años investigando sobre la creatividad. Las cosas que sobresalen más son las paradojas del yo creativo… Las personas con mucha imaginación tienen una mente más caótica.
Por muy diligentemente que anotemos lo que vemos a nuestro alrededor, el común denominador de todo lo que vemos es siempre, de forma transparente y desvergonzada, el implacable 'yo', escribió [Joan] Didion en su ensayo Sobre tener un cuaderno de notas. Estamos hablando de algo privado, de fragmentos de la cadena mental que son demasiado cortos para usarlos, de un ensamblaje indiscriminado y errático que solo reviste significado para quien lo lleva a cabo.

Este último extracto me recuerda a la entrada que escribí: La importancia de un diario.

Para estar más abiertos a la creatividad, tenemos que ser capaces de usar nuestra soledad de forma constructiva. Debemos superar el miedo a estar solos, escribió el psicólogo existencialista estadounidense Rollo May. [...] [...] Es difícil encontrar esa voz creativa si no mantienes ningún contacto con tu interior ni reflexionas sobre ti mismo.

Muchas de las historias míticas y de las canciones de todas las épocas han sido inspiradas por un drama o por un desamor; lo bueno de estos retos es que al final han servido como catalizador para crear arte. Los investigadores que estudian el crecimiento post-traumático, un ámbito de la psicología en auge, sostienen que mucha gente es capaz de emplear las dificultades y los traumas que sufrieron de pequeños para aumentar sustancialmente su creatividad. En concreto, se ha descubierto que los traumas pueden contribuir a que la gente desarrolle las áreas encargadas de las relaciones interpersonales, de la espiritualidad, el aprecio por la vida, la fuerza personal y, lo que es más importante para la creatividad, la capacidad de exprimir al máximo las posibilidades que te ofrece la vida.

En algún momento de su vida, se ha desmontado la visión que tenían del mundo como un lugar seguro [...], haciéndoles salir a la periferia a ver las cosas de una forma diferente, renovada; es esto lo que conduce a la creatividad [afirma Kaufman].

La gente creativa es insaciablemente curiosa; normalmente, optan por cuestionar cualquier aspecto de la vida, e incluso cuando envejecen mantienen su sentido de la curiosidad. Ya sea mediante una conversación intensa o mediante una reflexión en solitario, las personas creativas observan el mundo a su alrededor y quieren saber por qué, y cómo, funcionan las cosas.
La expresión creativa es la expresión de uno mismo, afirma Kaufman. La creatividad no es otra cosa que la expresión individual de tus necesidades, de tus deseos y de tu naturaleza única.
Soñar despierto nos permite evadirnos del presente, explica Kaufman. La misma red cerebral asociada con la imaginación está vinculada a la teoría de la mente; esta nos permite imaginar lo que está pensando alguien o fantasear sobre cómo será nuestro 'yo' futuro.

¿Qué opináis? ¿Estáis de acuerdo con los extractos que he hecho? ¿Os parece interesante el artículo?

Un saludo,
Morpheus

04 marzo 2014

La Maldición de Elonus (VI)

Hace más de dos mil quinientos años, el señor de la envidia y la muerte, Guland, inició una guerra contra el resto de los dioses para hacerse con el control de la existencia. Para ello, Guland envió a sus huestes lideradas por su heraldo, Janus. Esta guerra duró mil años, y se la conoce como la Edad Oscura.

Al final de la guerra, Janus se refugió en un pequeño pueblo al pie de una montaña, Elonus. Sin embargo, el paladín de Odín, el dios que le estaba ganando la partida a Guland para devolver el equilibrio a la existencia, lo encontró y lo expulsó hacia la región de Artabo.

Cuando la guerra finalmente acabó y Janus fue encerrado, desactivando el poder de Guland, los dioses no pudieron pasar por alto la colaboración de Elonus. Los habitantes de Elonus suplicaron por sus vidas, sus tierras y su legado; estas suplicas fueron escuchadas por los dioses y, en vez de destruir la región, aplicaron otra medida.

Como castigo, los habitantes de Elonus tendrían que sufrir calamidades, a menos que entregasen el alma pura de una persona bondadosa, que deberá sufrir y absorber el mal que no sufra Elonus.

Los habitantes aceptaron el trato, y el primer héroe que se ofreció fue el escudero del señor de Elonus.

Sin embargo, era un trato envenenado.

25 febrero 2014

La Maldición de Elonus (V)

Volvía a nevar como aquel día. Parecía que el destino también recordaba lo mismo que yo, y sabía lo que iba a ocurrir.

Me paré delante de la puerta del castillo y comprobé que continuaba igual de cerrada. Años antes había intentado entrar, pero la imposibilidad de abrir la puerta y encontrar una manera de entrar sencilla, junto con la promesa que le hice a Grunh, me hicieron desistir. Esta vez no iba a ser igual.

Previendo esta posibilidad, me había puesto en contacto con unos amigos del Gremio de Dronda, que me consiguieron una varita capaz de abrir puertas. La saqué de mi mochila, la observé y toqué con ella la puerta al tiempo que pronunciaba la palabra de mando tal y como me habían enseñado. Con un fuerte crujido, la puerta se abrió.

Me adentré en el castillo, al tiempo que desenvainaba mi espada. Si había un dragón, pagaría por lo que le hizo a Grunh.

Me abrí paso a través de un pasillo que parecía haber vivido un centenar de batallas: mesas, cuadros y otros objetos de decoración rotos, algunos de ellos semi-calcinados; hollín, golpes y arañazos en la pared.

Sin embargo, me di cuenta de que algunos de esos arañazos no eran legados de la batalla, sino inscripciones: "Vete de aquí", "No te acerques", "Huye".

Continué avanzando a través del pasillo.

"No encontrarás lo que buscas", "Sólo te espera tu perdición", "Necios aquellos que se acerquen", "El dragón no desaparecerá".

Finalmente llegué a una gran estancia que parecía haber sido un bonito salón hacía una eternidad. En aquél momento, sólo era una estancia cubierta de huesos; restos de animales devorados.

Cuando me adentré en la estancia, oí algo encima de mí. Miré hacia arriba y, entonces, una sombra gigantesca se abalanzó sobre mí. La rechacé y nos quedamos mirándonos cara a cara; era el dragón que mató a Grunh. Por lo menos Grunh había hecho pagar muy cara su vida, pues el dragón lucía una cicatriz que recorría su ojo izquierdo. Me abalancé sobre él.

Se produjo una lucha feroz que se alargó casi una hora; cuando yo estaba prácticamente agotado, desarmado en el suelo y aguardando mi muerte, noté como, entre los huesos que cubrían el suelo como una alfombra, se encontraba una espada de tacto helado. Cuando finalmente el dragón se acercó para darme el último golpe, mirándome con ese ojo casi inyectado en sangre, yo alcé la espada del suelo y la dirigí a su indefenso abdomen, haciéndole una herida gemela a la de la cicatriz que tenía en su costado derecho. El dragón profirió un rugido ensordecedor al tiempo que se retiraba. Un río de sangre brotaba de la herida, extinguiendo su aliento; se desplomó en el suelo.

Me levanté y me acerqué a recoger la espada que me había dado la victoria y apagado mi sed de venganza; cuando me di cuenta de que la empuñadura era la de la espada de Grunh, me reí, exultante. Sin embargo, esa sensación duró poco.

Cuando me disponía a extraer la espada del cuerpo inerte del dragón, este abrió su ojo derecho pesadamente, y su cuerpo empezó a brillar. Instintivamente me aparte, pero enseguida vi que no estaba en peligro; el dragón se estaba transformando.

Al cesar la luz, lo que quedó fue el cuerpo desnudo de un hombre de avanzada edad.

18 febrero 2014

La Maldición de Elonus (IV)

Habían pasado veinticinco años desde que vi a Grunh por última vez en aquella montaña. Aún recordaba aquél fatídico día.

Estuve varias horas bajo la nieve que iba cayendo, cubriendo poco a poco el suelo con su manto, al tiempo que trataba de aislarme de algunos sonidos de lucha que a veces surgían del interior del castillo y que encabritaban a los caballos. Fueron las tres horas más largas de mi vida, hasta que, finalmente, Grunh salió del castillo.

Corrí hacia él. Entonces me percaté de su caminar y de la herida en su costado derecho, que cubría con su mano izquierda ensangrentada. Cuando por fin llegué hasta él, se dejó caer sobre sus rodillas.

- Hijo, quiero que te vayas de aquí, y no vuelvas nunca.

- ¡Pero estás herido! Y... el dragón, ¿lo has matado?

- Ni yo ni el dragón importamos ahora, lo que importa es que te marches y...

- ¡Ni hablar! ¡No voy a dejarte aquí herido!

En aquél momento me abofeteó.

- Chico, escúchame... - me dijo mientras ponía su mano derecha sobre mi enrojecida mejilla - Tengo que seguir con esto,y tú tienes que convertirte en un gran hombre; un gran hombre que ayude a los necesitados. Recuerda: el mundo necesita héroes, y tú serás uno de ellos. Tú eres mi legado. Y quiero que me prometas que te irás de aquí sin mí, crecerás, te harás un hombre, ayudarás a los demás y nunca, NUNCA, volverás aquí ni entrarás en este castillo. ¡¿Entendido?!

- Sí... - dije entre sollozos.

- Di que lo prometes.

- L-lo... prometo.

En aquél momento me abrazó y noté su sangre caer por su costado.

- Te quiero, hijo – dijo mientras se separaba de mí y me miraba con su ojo derecho. Nunca olvidaré esa mirada de decisión -. Ahora, ¡huye! ¡Márchate! ¡Y no vuelvas!

Me di media vuelta y me marché. Cuando subí encima del caballo, vi como Grunh se levantaba pesadamente, entraba en el castillo y cerraba el portón tras de sí.

Esa fue la última vez que le vi. Y ahora, veinticinco años más tarde, estaba aquí para romper la última promesa que le hice.

11 febrero 2014

La Maldición de Elonus (III)

- Ese dragón lleva aquí desde la Edad Oscura, hace ya más de mil quinientos años - dijo Grunh, mientras se acercaba la jarra de hidromiel a su boca y tomaba un sorbo -. Por lo que sé, han sido muchos quienes han intentado vencer al dragón a lo largo de la historia, pero, de momento, nadie ha conseguido vencerle.

- ¿Cómo sabes todo eso? - pregunté, con la curiosidad de un crío.

- Mi abuelo me habló de ello cuando era pequeño... justo antes de venir aquí y luchar contra él...

Se hizo el silencio entre nosotros dos, como si el mundo se hubiese apagado a nuestro alrededor pese a la algarabía que había en la mal iluminada posada donde nos alojábamos.

Normalmente Grunh conseguía que la gente que se enteraba de sus intenciones le acogiesen como su huésped y posible salvador, pese a que Grunh siempre trataba de evitar eso. Esta vez ni tan siquiera quiso informarse, ni comentó con nadie sus intenciones; incluso quiso la mesa y la habitación más apartada para evitar escuchas indiscretas. Estaba claro que este era un trabajo totalmente diferente.

- Acábate eso - dijo después de vaciar su jarra -. Mañana será un día largo. Quiero que dejes todo listo para viajar. Seguramente no volveremos a hacer noche aquí. ¿Entendido?

- S-s-s..¡Sí!

Al día siguiente nos dirigimos al castillo de Elonus, en lo alto de la montaña a los pies de la cual se encontraba el propio Elonus.

Era una mañana fría, y las nubes negras que se acercaban auguraban una tormenta o una ventisca.

Cuando por fin llegamos hasta el castillo, ya casi era mediodía y todo parecía tranquilo.

Grunh desmontó del caballo y empezó a sacar su armadura de las alforjas. Yo hice lo mismo. Cuando ya estaba todo fuera y me dispuse a ayudarle, como siempre, rompió el silencio:

- Esta vez no quiero que me acompañes. Mantente resguardado y ni si te ocurra entrar a ayudarme, pase lo que pase, oigas lo que oigas y veas lo que veas. ¿He hablado claro?

- Sí - dije, lacónico.

- Muy bien. En caso de que no vuelva al anochecer, quiero que cojas los caballos y te marches. En las alforjas encontrarás mi bolsa con dinero; úsalo bien. Te he enseñado los suficiente como para que te puedas valer por ti mismo, y eso espero que hagas...

- Pero... Grunh - dije, casi lloroso -, ¿no vas a volver?

- Quisiera hacerlo, pero sería ingenuo por mi parte pensar que yo seré el primero que consigue derrotar al dragón y salir airoso; por ello, quiero que sepas lo que tienes que hacer si no vuelvo.

- ¿Y por qué no lo dejas? - dije entre lágrimas - Has dado mucho a la gente, ¡¿no te mereces descansar?!

- Hijo... agradezco tu preocupación, y todo tu cariño. Eres lo más parecido a un hijo que he tenido... Pero el mundo necesita héroes. Así que enjuágate esas lágrimas y ayúdame a ponerme esto.

Le ayudé a ponerse la última pieza de la armadura, y le di mi último abrazo. Cuando nos separamos, me miró y, sin decir nada, se dirigió hacia la puerta, la abrió pesadamente, desenvainó su espada y entró.

Recuerdo que en aquél momento empezó a nevar.

04 febrero 2014

La Maldición de Elonus (II)

Han pasado muchos años desde aquello. Creí que lo tenía superado. Me equivoqué.

"En las afueras de Elonus ha empezado a desaparecer ganado."

"La gente está asustada."

"Cuentan que hay una bestia en Elonus."

"Se trata de un dragón..."

La primera vez que oí que se trataba de un dragón, la cuchara que me estaba llevando a la boca se me resbaló.

¿Un dragón? No podía ser; Grunh se había encargado de él. Ello le costó la vida, pero lo hizo. Nunca había fallado luchando contra el mal. ¿Podía ser que esta fuese la primera y última vez que lo hizo?

No, no podía ser... En años no se había vuelto a saber nada del dragón. Pero... era cierto que nadie se había acercado a comprobarlo; aún pesaban muchas supersticiones sobre el castillo.

Cuando yo traté de hacerlo, hace unos años, me fue imposible entrar: la puerta estaba cerrada a cal y canto, inquebrantable ante un ariete, y ni grietas ni ventanas lo suficientemente bajas pude encontrar que me granjearan un salvoconducto a su interior. Todo parecía tranquilo, demasiado tranquilo; sin embargo, tras varios días esperando algo, nada sucedió, y me marché. "Grunh no pudo haber fallado. Él era incapaz de hacerlo.", pensé.

Ahora, todo mi interior parecía un hervidero.

Recogí mis cosas, pagué mi estancia y me dirigí a los establos; ensillé mi caballo y salí al encuentro de la tormentosa y gélida noche sobre él.

¿Por qué? ¿Por qué tuviste que desaparecer de mi vida? ¿De verdad tu sacrificio fue en vano? ¿Por qué no me hiciste caso y disfrutaste de tu vida, de la que te habías ganado? ¿Por qué no continuaste siendo el padre y mentor que fuiste para mí?

Agradecí la lluvia, pues mis lágrimas se perdían en ella.

- Lo siento mucho, Grunh, pero tendré que romper mi promesa. Espero que, estés donde estés, me perdones.

28 enero 2014

La Maldición de Elonus (I)

¡Toc, toc! ¿Hay alguien ahí?

Después de más de un año ausente, vuelvo a la carga con el blog. Ha sido un año largo y me han pasado muchas cosas, pero eso ya será tratado en otra entrada, si es que se ha de tratar.

Por el momento, os quiero dejar con un relato que empecé a escribir hace un par de meses. No dije nada porque no quería publicar nada hasta que no estuviese acabado, pero ya lo está, así que aquí tenéis la primera entrega.

Iré publicando un capítulo cada martes. En total son 8, por lo que esto se prolongará un par de meses. ¡Así os dejo con la intriga! :P

Notaréis que hay momentos más descriptivos y otros más directos. Sé que no es el summum de la literatura, pero he tratado de centrarme en el sentimiento o imagen que tenía en la cabeza a cada momento, así que espero que me lo perdonéis.

Sin más dilación, empiezo con el relato. ¡Espero que os guste!


- Chico, nunca debes olvidar que a nadie le importa por qué lo haces y lo que sientes - sentenció Grunh -. Lo verdaderamente importante es por qué lo haces tú; y nosotros hacemos esto porque no queda nadie que pueda hacerlo.

- Pero siempre que libramos a un pueblo de los monstruos nos lo agradecen; se preocupan por nosotros - repliqué yo.

- Sí, pero no siempre puedes confiar en ello, y no debes basar tu deseo de luchar por el bien en la gratitud que te profesen los demás, o te llevarás un buen golpe... A veces, la raíz del mal que tenemos que combatir está fuera del pueblo, ajeno a todas esas personas que queremos proteger; pero otras veces el mal está entre ellos, dentro de las personas que aman y de las que jamás sospecharían; otras, es el mismo pueblo quien ha acabado originando el mal. Cuando eso ocurre, y tienes que acabar con ello, la actitud de la gente no es de gratitud, sino más bien al contrario... - frenó su caballo, y yo el mío - Ya hemos llegado.

No me había dado cuenta, pero habíamos llegado a las afueras de un pequeño pueblo rodeado de prados y cultivos; sin embargo, tras él se alzaba un gran risco, y en la cima, casi a punto de despeñarse, un castillo de piedra blanca.

- ¿Qué nos trae por aquí, Grunh? - pregunté, con curiosidad.

- Un dragón – dijo con voz queda.

Aún recuerdo su expresión. Grunh siempre había sido un hombre que inspiraba confianza y respeto. La cicatriz que cruzaba su cara, que le había hecho perder su ojo izquierdo muchos años antes de que yo naciese, reforzaba ese aspecto. Sin embargo, en aquél momento pude apreciar que tras aquella mirada de decisión había un atisbo de preocupación y, de repente, pareció vislumbrarse aquél hombre que se acercaba a la cincuentena.

- Vamos, chico. Tras esto me habré ganado el Valhalla.

Y nos adentramos en el pueblo con nuestros caballos. Lo que yo no sabía en aquél momento es que aquella iba a ser la última noche con el hombre que me rescató de la jauría de hombres-lobo que devoraron a mis padres.