24 marzo 2014

Todo está conectado

He llegado, a través de Maravillawesome, a esta magnífica charla de Sarah Kay, una narradora de poemas (spoken word poem), que nos explica su experiencia ejercitando su pasión y llevándosela a otros mediante el proyecto VOICE.

En un momento de la charla, en el minuto 14, Sarah enseña una página de un diario de cuando era una niña pequeña, explicando que su pasión por escribir poesía y entender el mundo como lo entiende, empezó mucho antes de la primera vez que hizo una actuación en público, cuando sólo tenía catorce años.

Esto me ha hecho reflexionar sobre una de mis pequeñas pasiones, que es la escritura. Como ya sabéis, no empecé con un blog hasta los catorce años, y hasta los diecisiete no empecé a escribir en un diario. Entonces he pensado que era una lástima, pues una vez más, yo no era alguien que hubiese empezado con su pasión de jovencito.

Sin embargo, con un poco más de atención, me he dado cuenta que la escritura, aunque mágica, tan sólo es un medio para mi verdadera pasión, que es imaginar y contar historias.

Entonces me he dado cuenta de que, con tan sólo siete años, ya soñaba despierto en clase, montando en corceles de guerra y matando dragones a cascoporro, o montando artefactos ingeniosos para poder ir a la luna, o vete a saber. Sí, muy friki todo, lo sé. Años más tarde, en el Super 3 empezaron a emitir una serie con la que me sentí muy identificado a raíz de esto, y que por ello me encantaba: Ángela Anaconda.

Más tarde, con nueve años, ya jugué a mi primera partida de rol (a Aquelarre, como debe ser); a los once ya les contaba a mis amigos sobre como nos imaginaba como super héroes, destruyendo el colegio y acabando con capullos varios; y a los 13 ya estaba dirigiendo mis primeras partidas de rol.

Con todo esto, quiero mostrar que, aunque no lo parezca, en el fondo, todo está conectado. Que, aunque no lo queramos, ya hay algo que nos define, de alguna forma, y que su eco se oye a través de los años, como las ondas que se generan al tirar una piedra al centro de un lago.

Finalmente, para ponerle la guinda al pastel, he recordado cuál fue el primer libro completo que me leí, cuando tenía seis años: Luisón, de Alfredo Gómez Cerdá. Esta es su sinopsis:

Luisón admira a todos sus amigos, sin embargo piensa que él no despierta ninguna admiración. No le vale la ropa que llevan ellos y, además, no puede trepar por la cuerda de nudos en el gimnasio. Pero a la hora del recreo todos le rodean y esperan embelesados que les cuente una de esas historias fantásticas que se inventa.

A vosotros os parecerá coña, pero a mí me resulta increíble. Es volver al origen.

Un saludo,
Morpheus