24 julio 2007

Y a ti que narices te importa mi orientación sexual?

Llego a esta extraña (pero creíble sabiendo de donde viene) noticia gracias a Metsuke.

De qué le sirve a EEUU saber qué orientación sexual tienes? En cierto modo que quieras saber tu raza o cultura y/o procedencia tiene sentido (aunque me parezca demasiado paranoico), pero esto?

Acaso temen una invasión gay? Que mal tiene? Bueno sí, quizá hiciera menguar un poco la maternidad, pero no creo que ninguna comunidad gay quiera trasladarse a Estados Unidos (donde no creo que los traten muy bien, aunque peor sería Polonia hoy en día).

Además, para qué quieren saber sobre mi vida sexual o mis ideas políticas y/o filosóficas? No saben lo que es el derecho a la privacidad? No saben lo que significa el libre albedrío, ese mismo que su santísimo dios creador les concede, a esa nación que ha de conducir al mundo hacía el bien1? Es que los neo conservadores americanos ya no respetan ni la propia constitución de su amado país?

Como dice Metsuke, cada vez tengo menos motivos para ir a Estados Unidos (y eso que debe de ser una bella tierra).

Un saludo,
Morpheus

1 Si leéis algo sobre Leo Strauss y el Neoconservadurismo entenderéis a lo que me refiero. También recomiendo que veáis el documental "The Power of Nightmares". Es algo realmente aterrador, y lo peor de todo es que es cierto.

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18 julio 2007

El camino de la autodependencia, Jorge Bucay

Hace poco he acabado de leer un libro para mí bastante interesante. Su título es “El camino de la autodependencia”, de Jorge Bucay.

Portada del libro 'El camino de la autodependencia'

En este libro se trata, dando un vistazo general, la libertad individual. Da consejos y nos sugiere ciertas reflexiones sobre ella, enfatizando la individualidad y el amor propio, bien sin perder de vista el mundo que nos rodea.

Son unas 150 páginas en las cuales nos intenta quitar el miedo a la responsabilidad, el miedo a no ser aceptados y el valor para aceptar la responsabilidad de ser libre y de ser una persona.

He de destacar algunas partes del libro, que cito textualmente, y que me gustaría compartir con vosotros. En estas partes del libro nos recuerda que debemos ser nosotros mismo, qué es la libertad y que no podemos escapar de ella:

Páginas 54 y 55:

  1. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.
  2. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento,en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.
  3. Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que me conviene.
  4. Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.
  5. Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Estos cinco permisos esenciales condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente.

Páginas 129,130 y 131:

Sólo podremos dejar de ser imbéciles morales cuando recuperemos nuestra propia moral, cuando dejemos de creer que otros tienen que decidir o prohibir por nosotros.

[...]

No se trata de prohibir la droga, se trata de aumentar su nivel de madurez para que no sean imbéciles [...].

[...]

Repito: no se trata de prohibir la droga o las películas pornográficas, no se trata de prohibir la prostitución, se trata de generar cultura, información, madurez.

Para ayudar a los jóvenes a pensar hay muchos caminos. Yo creo que el mejor camino es el de la libertad, el de mostrarles a nuestros hijos, a nuestros vecinos, a nuestros amigos, que la libertad se ejecuta todos los días cuando uno puede ser capaz de decir sí o no.

[...]

La libertad consiste en ser capaz de elegir entre lo que es posible para mí y hacerme responsable de mi elección.

Páginas 125 y 126:

La libertad no es liviana, a veces pesa. Porque si soy responsable, puedo llegar a sentirme culpable por lo que elegí, y puede pesarme tener que responder por esa elección.

Esto es interesante, porque hasta aquí la libertad de elegir era vivida como algo agradable y placentero, y ahora sentimos que si pudiéramos sacarnos de encima la posibilidad de elegir, delegarla, dejar que otro se hiciera cargo, nos sentiríamos muy aliviados.

[...]

Digo que no van a poder escaparse de la idea de que son libres y por lo tanto responsables de todo lo que hacen. No hay manera de que se escapen.

No importa lo que crean, no importa lo que digan, no importa a quién le echen la culpa.

[...]

Ustedes están eligiendo en cada momento su accionar.

Me parece un libro realmente muy bueno e interesante, y lo recomiendo, junto con Cuentos para pensar, del mismo autor, para que lo compréis, o lo bajéis, y lo leáis. Es realmente una muy buena lectura.

Un saludo,
Morpheus

12 julio 2007

Imaginación + Aburrimiento = Cosas increibles

Y si no, decídselo a los chiquillos de este vídeo:



Vía FrikiTV

Un saludo,
Morpheus

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11 julio 2007

Historia corriente, Vida anónima

Hoy me ha dado por escribir. Me ha venido una frase a la cabeza, ideal para un pequeño relato, y necesitaba continuar esa frase, no tenía ganas de dejarla en el montón de pudo ser y no fue, y así he echo.

Vale, sé que debería reservar mi creatividad para el relato encadenado, pero es que hoy tenía la necesidad de escribir...

Pues bien, el resultado es el siguiente. Espero que os guste:

Historia corriente, Vida anónima

Y pulsando al botón rojo cerró la ventana. Cerró la ventana a aquél mundo de comunicación, a aquél mundo en el que no era juzgado, en el que tenía algo que decir, y en el que habría alguien que le escuchase e intentara entenderle.

Apagó el ordenador.

Al día siguiente tenía que levantarse pronto para ir al instituto. Tenía que levantarse pronto para despertar en un mundo sin lazos, donde las personas estaban separadas, unas de otras, por invisibles distancias kilométricas; dónde había soledad dentro de una muchedumbre. Dónde no podía encontrar nada más que una vía hacia la autodestrucción, hacia la indeterminación, hacia un mundo que se empeñaba a cada momento en desarraigarle de su personalidad, de su ya débil autoestima.

Se echó las sabanas encima y cerró los ojos con fuerza, a la par que dejaba caer una lágrima sobre su almohada, dónde siempre lo hacía, noche tras noche, mientras pensaba en lo doloroso de su existencia, en “otro mísero día de existencia”.

Soñó que sus padres estaban en casa, que le escuchaban, que se interesaban por él. Luego también soñó en que tenía el suficiente valor para interrelacionarse con los demás, que era aceptado, y que no era aquél bicho raro. También soñó que una chica le había dicho que le tenía cariño, y se acercaba a él, con lentitud, mientras él observa aquellos bellos labios, a punto de besarle, y que ya estaban a punto de llegar...

Y sonó el despertador. Uno de sus grandes enemigos. Como otras veces, maldijo la exactitud del despertador para elegir los mejores momentos de sus sueños, de aquello que nunca antes había tenido.

Desayunó un zumo y una tostada y se marchó. Llegaba tarde, así que aceleró el paso, aunque sabía que no serviría de nada, y que tendría que soportar otra bronca de su cuarentona y amargada tutora.

Llegaba diez minutos tarde y entró corriendo. Dobló la esquina del polideportivo y chocó contra una mole de metro ochenta, que se giró y le miró:

- ¡¿Que haces, gilipollas?! ¡¡¡Mira por donde vas!!! - espetó aquella mole de voz suficientemente conocida por él -. Te tendré que enseñar a pedir perdón...

Él se levantó, cogió sus cosas, y aceleró hacía el edificio donde se encontraban las clases.

- ¿Dónde vas, acaso tienes miedo? - dijo entre carcajadas, aquella mole de espíritu putrefacto -. ¡Luego nos veremos! ¡No lo olvides!

Él se puso a correr, a la vez que empezaban a inundársele los ojos de lágrimas y mientras decía para sus adentros:

Perfecto, hoy volveré a casa con más morados

Tres meses más tarde...

Había cogido un cuchillo de su cocina, estaba bien afilado (las cicatrices en sus muñecas podían dar buena cuenta de ello) y se lo había guardado en la mochila. Luego, en mitad de clase, mientras el profesor había salido a buscar una tiza para escribir otra se sus soporíferas clases en la pizarra, lo había sacado, y se había dirigido hacia aquella mole de metro ochenta, que durante tanto tiempo lo había martirizado, y por la espalda le asestó cuatro puñaladas.

Todos chillaron, se apartaron, e incluso huyeron del aula.

Empezó a escupir sangre por la boca. Sus pulmones tardarían pocos segundos más en inundárseles de sangre, cosa que le impediría respirar y le produciría un gran dolor. Para él sería suficiente recompensa.

Un rayo le despertó. Otra vez algo le había privado de un maravilloso sueño.

Era un lluvioso sábado. Hoy no tendría que soportar su particular castigo por ser diferente a los demás.

Notó un pinchazo en su muñeca. Se había abierto la herida, y pronto empezó a brotar un fino hilo de sangre que caía a través de sus brazos y saltaba en forma de gotas a su rostro.

La tarde anterior no tuvo el valor para apretar lo suficiente el cuchillo contra su muñeca. Tendría que soportar otro día más de sufrimiento.

Un saludo,
Morpheus